¿Es recomendable hacer una preboda antes de la boda? Mi experiencia

BODAS / PARA PAREJAS -

¿Merece la pena hacer una sesión de preboda?. 

Lo que he aprendido después de fotografiar muchas bodas




Hay una frase que probablemente habrás leído decenas de veces si estás organizando tu boda. "La preboda sirve para conocer al fotógrafo." Nunca me ha convencido. 

Si para conocer a la persona que va a acompañaros durante uno de los días más importantes de vuestra vida necesitáis una cámara de por medio... quizá el problema no sea la preboda. 

Personalmente prefiero tomarme un café con vosotros, hablar, escuchar cómo os conocisteis, saber qué esperáis del día de la boda. Con eso ya sé muchísimo más que haciendo fotografías.

 Entonces... ¿Creo que merece la pena hacer una preboda? Sí, muchísimo, pero no por el motivo que suele repetir casi todo el mundo. 



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¿Es realmente necesaria una sesión de preboda?



La respuesta corta es muy sencilla. No. Y creo que decir esto es mucho más honesto que intentar convencer a todas las parejas de que la necesitan. 

He fotografiado bodas con preboda y bodas sin preboda, y ninguna ha sido mejor por eso. 

Si una pareja conecta contigo, confía en tu forma de trabajar y llega tranquila al día de la boda, la preboda no es imprescindible. De hecho, muchas veces escucho la misma frase: "Así conocemos al fotógrafo." Yo no lo veo así. 

Personalmente prefiero sentarme con vosotros a tomar un café, hablar sin relojes, sin cámaras, sin preocuparnos de si hace viento o de cómo salir mejor en una fotografía. 

En una conversación conoces mucho más de una pareja que durante una sesión de fotos, sabes cómo hablan entre ellos, cómo toman decisiones, qué les preocupa realmente del día de la boda, qué importancia le dan a las fotografías, y, sobre todo, entiendes qué tipo de experiencia esperan vivir. Eso, para mí, vale mucho más que cualquier posado. 

Entonces... ¿Para qué sirve realmente una preboda? No para conocer al fotógrafo. Para mí sirve para otra cosa mucho más importante. Para regalaros una tarde juntos en mitad de unos meses en los que casi todo gira alrededor de organizar una boda y eso sí tiene muchísimo valor.


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Lo mejor de una preboda no son las fotografías



Si tuviera que resumirlo en una frase sería esta: las fotografías son la consecuencia, no el motivo. 

La mayoría de parejas llegan pensando que van a hacerse unas fotos bonitas y sí, las hacen, pero cuando termina la tarde casi nunca hablamos de las fotografías.

 Lo normal es escuchar frases como "se nos ha pasado volando", "veníamos mucho más nerviosos" o "ha sido mucho más fácil de lo que imaginábamos". Y ahí está lo realmente importante. Durante unas horas desaparece la organización de la boda. No hay listas de invitados, ni llamadas, ni proveedores, ni horarios. Solo estáis vosotros dos, paseando, hablando, riéndoos y disfrutando de una tarde juntos. 

Puede parecer una tontería, pero muchas parejas me dicen después que hacía semanas, incluso meses, que no tenían un rato así, sin pensar en nada más. Por eso creo que una preboda merece la pena. No porque vayáis a aprender a posar, ni porque tengáis que conocer al fotógrafo.

 Para eso prefiero invitaros a un café. Merece la pena porque os obliga, en el buen sentido, a parar unas horas y volver a hacer algo tan sencillo como estar juntos. Y curiosamente, cuando eso ocurre, las fotografías salen prácticamente solas.



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¿Y si no nos gusta hacernos fotos?



Si me preguntas cuál es la frase que más escucho antes de una preboda, seguramente sea esta: "Es que nosotros somos malísimos para las fotos." Y siempre contesto lo mismo: menos mal. 

Porque si llegarais sabiendo perfectamente qué hacer delante de una cámara, probablemente acabaríamos haciendo las mismas fotografías que podría tener cualquier otra pareja. 

Lo bonito de una preboda es justo lo contrario, que al principio estéis un poco incómodos, que no sepáis dónde poner las manos, que os dé vergüenza y acabéis riéndoos de vosotros mismos. 

Lo curioso es que eso suele durar muy poco. A los diez minutos ya no estáis pendientes de la cámara, estáis hablando entre vosotros, recordando cosas, vacilándoos como hacéis siempre o simplemente dando un paseo, y es ahí cuando empiezan a salir las fotografías que realmente merecen la pena. 

No os voy a dejar solos delante de la cámara diciendo "haced lo que queráis", porque eso suele acabar en más nervios todavía. Os voy guiando, os propongo cosas, hablamos, paseamos y poco a poco todo empieza a salir de forma natural. Lo que nunca voy a buscar es que parezcáis una pareja distinta a la que sois cuando nadie os está mirando.

Al final casi todas las parejas terminan diciéndome lo mismo: "Pues ha sido mucho más fácil de lo que pensábamos". Y no porque hayan aprendido a posar, sino porque en algún momento se han olvidado de que había una cámara delante.


Si queréis comprobarlo con una pareja real, la historia de Carlos y Rafa empieza exactamente así.

 Ellos mismos decían que no sabían posar y, precisamente por eso, terminaron descubriendo que nunca hizo falta. 


👉 Ver la boda de Carlos y Rafa.


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¿Cuándo merece la pena hacer una preboda?



No hay una fecha perfecta, pero sí un momento en el que casi todas las parejas la disfrutan mucho más. 

Si podéis elegir, intentaría hacerla cuando todavía falten unos meses para la boda. En ese momento ya habéis tomado las decisiones importantes, pero todavía no estáis metidos de lleno en las últimas semanas, cuando parece que todo son llamadas, listas, pruebas y nervios. Precisamente por eso la preboda se disfruta tanto. 

Durante unas horas dejáis de organizar una boda para volver a hacer algo tan sencillo como pasar una tarde juntos. También es verdad que cada pareja tiene su ritmo. Hay quien la hace seis meses antes y quien prefiere hacerla pocas semanas antes porque le apetece utilizar alguna fotografía para las invitaciones, la web de la boda o la decoración del gran día. Y hay parejas que, simplemente, deciden no hacerla. 

Nunca les voy a decir que están equivocadas. Si después de hablarlo sentimos que no encaja con vosotros, tampoco pasa nada. Lo importante no es hacer una preboda porque sí, sino que cada decisión tenga sentido dentro de vuestra historia. 

Al final, igual que ocurre con cualquier otra parte de una boda, no existe una única forma correcta de hacer las cosas. Existe la que mejor encaja con vosotros.



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¿Qué ropa llevar a una preboda?



Seguramente esta sea una de las preguntas que más se repiten antes de una preboda y, sinceramente, creo que le damos mucha más importancia de la que tiene. No existe una ropa perfecta, existe una ropa con la que os sintáis vosotros.

 Porque da igual que llevéis el vestido más bonito del mundo si durante toda la sesión estáis pendientes de que no se manche, de si aprieta demasiado o de si nunca os vestiríais así cualquier otro día. 

Siempre os recomiendo una cosa muy sencilla: venid vestidos como os gustaría recordaros dentro de diez años, no como creéis que deberíais salir en unas fotografías.

 Hay parejas que vienen en vaqueros y zapatillas y les encaja perfectamente. Otras prefieren arreglarse un poco más porque forma parte de su estilo. Las dos opciones son igual de válidas.

 Lo único que intento evitar son prendas que llamen más la atención que vosotros. Camisetas con logotipos muy grandes, dibujos enormes o ropa con la que no os sintáis cómodos suelen terminar robándole protagonismo a lo importante. Y si tenéis dudas, preguntadme. Prefiero dedicar diez minutos a ayudaros a elegir la ropa que pasar dos horas intentando que dejéis de sentiros incómodos porque os habéis vestido pensando en una fotografía y no en vosotros.


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¿Dónde hacer una preboda?



La respuesta que menos ayuda suele ser la más repetida: "en un sitio bonito." Porque sitios bonitos hay cientos. La pregunta no debería ser dónde hacerla, sino qué lugar dice algo de vosotros.

Hay parejas que vuelven al sitio donde empezaron a salir, otras prefieren perderse por una calle cualquiera del casco histórico de Córdoba porque les encanta pasear por allí y otras simplemente buscan un atardecer en mitad del campo. Todo vale. Lo importante es que cuando dentro de unos años volváis a ver esas fotografías, recordéis algo más que un paisaje bonito. Que recordéis por qué estabais allí. 

A veces un rincón desconocido tiene mucho más valor que el lugar más famoso de la ciudad, precisamente porque forma parte de vuestra historia. 

Y si no tenéis ningún sitio especial, tampoco pasa nada. Siempre podemos buscar un lugar tranquilo donde podáis olvidaros de que hay una cámara y dedicaros simplemente a disfrutar de la tarde. 

Al final, el escenario nunca será más importante que las personas que aparecen en él.


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Entonces… ¿recomiendo hacer una preboda?



Sí, la recomiendo, pero no porque crea que sea obligatoria ni porque piense que una pareja vaya a disfrutar más de la boda por haber hecho una preboda. La recomiendo porque, si se plantea con la idea adecuada, termina siendo una tarde que casi todas las parejas recuerdan con muchísimo cariño.

Lo que no comparto es ese argumento que se repite tanto de que la preboda sirve para conocer al fotógrafo. Sinceramente, creo que para conocernos hace mucho más una tarde tomando un café, hablando tranquilamente de vosotros, de vuestra boda y de todo lo que esperáis de ese día, que una cámara delante.

 Ahora bien, si la idea es regalaros unas horas para vosotros, desconectar un poco de todo el lío que supone organizar una boda y volver a disfrutar simplemente de estar juntos, entonces sí creo que merece muchísimo la pena. De hecho, muchas veces esa tarde termina teniendo más valor del que la propia pareja imaginaba antes de empezar. 

Por eso nunca voy a insistir a nadie para que haga una preboda. Si siento que os va a aportar algo, os lo diré; si creo que no la necesitáis, también os lo diré. Al final prefiero que cada pareja tome decisiones porque tienen sentido para ellos y no porque alguien les haya dicho que es lo que toca hacer antes de casarse. 

Y quizá esa sea la mejor forma de resumirlo: no hagáis una preboda porque haya que hacerla, hacedla únicamente si os apetece vivirla. Si es así, las fotografías llegarán solas y, dentro de unos años, lo que recordaréis no será solo cómo salíais en ellas, sino aquella tarde que decidisteis parar un poco el mundo para dedicarla simplemente a vosotros.


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¿Qué lugares recomiendo para hacer una preboda en Córdoba?



No existe un lugar perfecto para todas las parejas. Lo que funciona de verdad es elegir un sitio donde os sintáis cómodos y que tenga algo que ver con vuestra forma de ser. La localización no hace mejor una fotografía, pero sí ayuda a que la sesión tenga personalidad y, sobre todo, a que dentro de unos años os siga representando. 


Si buscáis un ambiente tranquilo y atemporal, dar un paseo por la Mezquita-Catedral y la Judería de Córdoba suele ser una apuesta segura. 

Más allá de los rincones más conocidos, siempre aparecen callejuelas, puertas antiguas, paredes con textura o pequeños detalles que permiten alejarse de la típica fotografía turística y conseguir imágenes mucho más personales. 


Si preferís algo más íntimo, la Sierra de Córdoba ofrece justo lo contrario. 

Allí el ritmo cambia, hay menos gente, el paisaje invita a caminar sin prisas y es mucho más fácil olvidarse de la cámara. Muchas parejas terminan relajándose antes y eso se nota muchísimo en el resultado. 


También me gusta mucho trabajar en zonas urbanas de la ciudad cuando la pareja busca un reportaje diferente. 

Fachadas contemporáneas, líneas arquitectónicas, pasos de peatones, luces, reflejos o edificios con personalidad aportan un estilo mucho más moderno sin perder naturalidad. Córdoba tiene muchos rincones así y, combinándolos bien, el reportaje cambia completamente de registro.

 Y aquí hay un detalle que muchas veces pasa desapercibido: la ropa debería acompañar al lugar que habéis elegido. No es lo mismo una sesión entre naturaleza que un paseo por el casco histórico o una localización urbana. Los colores, las texturas e incluso el estilo de la ropa pueden ayudar a que todo tenga más armonía.

 No hace falta complicarse ni comprar nada especial, simplemente elegir prendas que encajen con el ambiente y que, sobre todo, os hagan sentiros vosotros mismos. 

Al final, más que buscar el sitio de moda, prefiero encontrar el escenario que mejor encaje con vuestra historia. 

Porque cuando el lugar, la luz y vosotros hablan el mismo idioma, el reportaje deja de parecer una sesión de fotos y empieza a parecer un recuerdo de verdad.



No todas las prebodas tienen que hacerse en el mismo sitio. 


De hecho, una de las sesiones que más recuerdo fue la de María y Pedro. 

Ellos vinieron desde Valdepeñas, donde unos meses después celebrarían su boda, pero decidieron desplazarse hasta Córdoba para hacer su preboda de una forma completamente diferente. 

Coincidía con la Feria de Córdoba y aprovechamos el ambiente para recorrer los cacharritos, las luces y todos esos colores que solo aparecen durante unos días al año. 

Fue una sesión divertida, espontánea y llena de movimiento, muy distinta a la imagen que normalmente se tiene de una preboda. Precisamente por eso me gusta insistir en que no existe una localización mejor que otra. 

Lo importante es que el lugar tenga sentido para vosotros y que ayude a contar vuestra historia. A veces será un paseo por la Judería, otras una tarde en la Sierra de Córdoba y, en ocasiones, una feria llena de música, luces y color.


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Todo esto forma parte de una manera muy concreta de entender una boda. Si os habéis sentido identificados mientras leíais este artículo, quizá también os interese conocer mi forma de trabajar con un poco más de calma.


👉 Mi visión

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